martes 24 de mayo de 2011

Atender las sincronicidades

Todos en algún momento hemos sido testigos de un hecho sincrónico en nuestra propia vida: estar pensando en algo y leer eso mismo en un cartel de la calle, un llamado de la persona indicada en el momento exacto, la letra de una canción oida al pasar que habla de lo que estamos sintiendo en ese momento, etc. Pero la más famosa sincronicidad proviene de un relato del mismo Jung.
“Una joven paciente soñó, en un momento decisivo de su tratamiento, que le regalaban un escarabajo de oro. Mientras ella me contaba el sueño yo estaba sentado de espaldas a la ventana cerrada. De repente, oí detrás de mí un ruido como si algo golpeara suavemente la ventana. Me di media vuelta y vi fuera un insecto volador que chocaba contra la ventana. Abrí la ventana y lo cacé al vuelo. Era la analogía más próxima a un escarabajo de oro que pueda darse en nuestras latitudes, a saber, un escarabeido, la Cetonia aurata, que al parecer, en contra de sus costumbres habituales, se vio en la necesidad de entrar en una habitación oscura precisamente en ese momento”.
Como esta joven era demasiado racional y escéptica (justamente lo que tenía que superar en la terapia), la experiencia del escarabajo demolió sus rígidas defensas y pudo iniciar el camino de su curación.

Otro ejemplo de sincronicidad fue lo que le ocurrió al actor Anthony Hopkins. Cuando fue contratado para actuar en la película La mujer de Petrovka, no consiguió encontrar en ninguna librería de Londres la novela de George Feifer en la que se basaba el guión. Frustrado y aburrido, se dispuso a tomar el subte para regresar a su casa. Estaba sentado en la estación de Leicester Square cuando, de pronto, halló exactamente ese libro en un banco. Se quedó tan asombrado que ni siquiera se fijó en las anotaciones que el ejemplar tenía en los márgenes. Dos años más tarde su sorpresa fue aún mayor. Al conocer al autor durante el rodaje del film, éste le dijo que había perdido uno libro con anotaciones. Era el mismo libro que Hopkins había encontrado en la estación de subte.
El Dr. Eduardo Zancolli relata en El misterio de las coincidencias cómo su búsqueda personal estuvo signada por muchas sincronicidades, concluyendo que hay en la naturaleza un orden con un propósito, y que esas coincidencias nos ayudan a evolucionar y a seguir aprendiendo.

Se pueden definir tres fases diferentes de la sincronicidad. La primera es cuando advertimos coincidencias sugestivas o curiosas que tomamos como totalmente azarosas y subjetivas, luego rápidamente olvidadas. En una segunda fase, experimentamos sincronicidades poderosas, libres de ambigüedades y precisas en su significado; con un efecto de revelación en nuestra psique que puede detonarnos un sentimiento numinoso o de participación mística. La tercer fase comprende experiencias sincrónicas que dejan de ser “especiales” teniendo la impresión que naturalmente formamos parte de una inteligencia y un orden vital, de una fuente de sentido y orientación en la que estamos totalmente incluidos. Lo excepcional se torna corriente.

Al percibir la realidad desde esta tercera fase, nos damos cuenta que cada momento posee una cierta cualidad que impregna los diversos acontecimientos que tienen lugar en ese tiempo. Nuestra Astrología postula un cosmos lleno de sentido cuyo foco es el planeta Tierra y su evolución consciente (dada la aparición de uno de sus tantos frutos: nosotros, los seres humanos). Existe una correspondencia empírica, coherente y significativa entre dos conjuntos de fenómenos diferentes: el astronómico y el humano. Y esta correlación se puede explorar como una forma de sincronicidad a través de los arquetipos que se van constelando momento a momento.

Nota completa en la revista Uno Mismo de mayo 2011

2 comentarios:

  1. Gracias Alejandro por recordarnos estas magníficas sincronicidades. Sí que da la impresión de que "todo está conectado" y también es verdad que uno se llega a acostumbrar a ello en cuanto descubre que prácticamente todo es sincrónico.

    Otra cosa es que se pueda "aprender" algo de ello, yo al menos no logro deducir nada excepto sentir esa conexión, que me hace sonreír, y eso es todo. Supongo que no es algo para intelectualizar, de la misma forma que uno se encuentra esa flor en el camino, huele su aroma y sigue caminando...

    Un saludo desde Barcelona.

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  2. Hola Gunther,
    En mi vivencia personal sólo he tenido 3 o 4 de esas sincronicidades que uno dice ¡wow! y que realmente tiene un sentido que uno puede llegar a intelectualizar o, mejor dicho, comprender. Como una especie de insight. Uno lo relato en la pestaña "sincronicidad" en el escrito del hecho astrológico:
    http://www.astrotranspersonal.com.ar/sincronicidad.htm
    Es verdad que la mayoría solo despierta sonrisas cómplices, pero también es verdad que las sincronicidades fuertes aparecen porque la conciencia (o la inconsciencia) de la persona está lo suficientemente movilizada como para "co-crear" digamos, la tal sincro.
    Abrazo de gol!

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