
Por María Rosa Lojo
Uno de los acontecimientos culturales de 2010 fue la aparición, por primera vez en castellano, de El libro rojo (así llamado por el color de su encuadernación en estado de manuscrito) o Liber Novus ("libro nuevo", el nombre que le dio su autor). La Fundación Costantini, con su editorial El Hilo de Ariadna, ha triunfado en el desafío de presentar la traducción junto a un bellísimo facsímil. El tomo impacta tanto por su considerable formato, como por la extraordinaria calidad de la impresión.
Con este libro que excede cualquier etiqueta, que ha sido el material inspirador de sus más ambiciosos desarrollos teóricos, pero que apela a la retórica del discurso lírico y profético, Carl Gustav Jung (1875-1961), fundador de la llamada "psicología profunda", muestra también facetas de artista plástico visionario, así como de experto calígrafo. En los albores del siglo XX compone, sobre papel foliado, una obra al estilo de los más complejos manuscritos iluminados del Medioevo.
La editorial ha lanzado también, con El libro rojo , un necesario volumen exegético del doctor en Filosofía Bernardo Nante, supervisor general de esta edición castellana, que participó asimismo en la edición madrileña (hecha por la editorial Trotta) de varios tomos de las Obras Completas del psicoanalista suizo. Si bien la existencia de El libro rojo era conocida por circuitos de allegados y especialistas, su autor no quiso publicarlo en vida, salvo por un fragmento: los "Septem Sermones ad Mortuos".
Sus herederos (ya de la tercera generación) decidieron autorizar en el año 2000 una primera edición alemana, aparecida finalmente en 2009 y dirigida por el psiquiatra e historiador de la psicología Sonu Shamdasani (cuya introducción y notas se reproducen en la edición argentina). La prolongada demora tuvo que ver con la índole peculiarísima del texto: una obra secreta en la que Jung trabajó entre 1913 y 1930, anotando sueños que lo atormentaban y visiones aterradoras. Al principio llegó a creerse él mismo al borde de la esquizofrenia, hasta que el estallido de la Primera Guerra Mundial lo convenció de que en verdad había anticipado con sus sueños la inmensa catástrofe. Asumió que se le estaban revelando, en un denso lenguaje simbólico, claves de una crisis espiritual a la vez personal y colectiva. Desde luego, no evaluaría el producto de este proceso interior como una obra científica sino como una labor testimonial.
Se vio a sí mismo como el sujeto experimental de un proceso de transformación que lo llevaría al ensanchamiento de la conciencia y a la exploración integradora de todas las dimensiones y niveles de la psique a través de sus figuras simbólicas. Jung consideraría este proceso, que denominó "de individuación", como la meta última de la existencia humana y lo convertiría en el eje de su teoría y su práctica terapéutica. Este camino conduce al buscador hacia el encuentro de un "Dios vivo" que rompe las imágenes cristalizadas y convencionales de lo divino en el Occidente cristiano, y muestra también el mal y la sombra que deben ser aceptados para poder trascenderlos.
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http://www.astrotranspersonal.com.ar/librorojoencastellano.htm
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