domingo 13 de noviembre de 2011

Verdaderamente humanos


El mito del héroe de alguna manera describe el proceso astrológico en que Leo surge de Cáncer (el héroe sale de su aldea), llega a Escorpio, y allí lo espera la gran prueba, a matar o morir. Si sobrevive llega a la sabiduría sagitariana y luego puede ir más allá. Pero también puede volver a la aldea canceriana a contarnos sus aventuras y acaso transformarse en autoridad (Capricornio). Por eso decimos que el estado mental promedio de la humanidad está fijado en la zona Cáncer/Leo, que valora únicamente la pertenencia y la individualidad. Desde esta posición, Acuario aparece como utópico, impensable, extraño, frío y desamorado. 
Hay algunas historias de la ciencia ficción que tematizan justamente la perspectiva acuariana de la realidad desde el punto de vista grupal, participativo e interactivo. Puedo citar Más que humano de Theodore Sturgeon, y El fin de la infancia de Arthur Clarke, las dos publicadas en 1953. Son consideradas obras maestras del género, que coronan lo que los especialistas llaman la época de oro de la ciencia ficción.
Ambas novelas carecen de “un” protagonista; más bien son un grupo, o la mismísima humanidad como un todo quien tiene el papel protagónico. En verdad, el real protagonista de estas historias es lo vincular, o sea, el encuentro creativo de las diferentes individualidades. También tienen en común que ambas novelas narran el próximo paso evolutivo del homo sapiens
Más que humano describe el nacimiento y desarrollo del homo gestalt, una entidad colectiva formada por varios individuos conectados telepáticamente, y que desempeñan diversas funciones a partir de la articulación creativa de sus diferentes capacidades (la psicologia de la Gestalt tiene el axioma de que el todo es más que la suma de sus partes). Que en la novela los individuos de este ser grupal sean un débil mental, un huérfano violento, dos niñas mudas, etc, subraya que nada particularmente apto o especial es necesario para logar el éxito evolutivo. Intuyendo la estructura holónica de la realidad, Sturgeon escribe: “... se vio a sí mismo como un átomo y vio a su Gestalt como una célula, y vio en su conjunto el diseño del ser en que, con alegría, llegaría a transformarse la humanidad... ”. 
(...)
Si algo nos enseña el signo del Aguador es que ser humano es ser más que humano. Que las estrellas, nuestros cuerpos, nuestras mentes y las más humildes formas de vida forman parte de una urdimbre infinita, tejida por inteligencias que seguramente nunca comprenderemos, y a las que podemos abrirnos con vértigo y confianza o con vértigo y pavor. La capacidad de sentir esta interconexión es lo que único puede llegar a hacernos verdaderamente humanos.

Texto completo en la revista Uno Mismo de noviembre 2011

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